En una pared del centro de Buenos Aires, el rostro sereno de René Favaloro aparece entre ventanas, balcones y líneas de hormigón. La obra no solo recuerda a un médico famoso: obliga a mirar hacia arriba y preguntarse cómo un joven de La Plata, que pasó años atendiendo a familias en un pequeño pueblo rural, terminó transformando la cirugía cardiovascular en todo el mundo. Para quienes disfrutan de las historias de medicina, este mural es la entrada a una vida marcada por la ciencia, la educación y una firme idea de justicia social. Sin embargo, el detalle más poderoso de la pintura no está en su enorme tamaño, sino en el lugar elegido para realizarla.
¿Dónde está el mural de René Favaloro en Buenos Aires?
El mural se encuentra sobre uno de los laterales del edificio anexo del Hospital Universitario Fundación Favaloro, en la esquina de las avenidas Belgrano y Entre Ríos, en el barrio porteño de Monserrat. Su ubicación no es casual. La imagen acompaña el espacio donde todavía se trabaja, se investiga y se forman profesionales según el modelo que defendió el propio Favaloro.
La obra mide aproximadamente 22 metros de alto por 12 de ancho. Fue presentada en mayo de 2023 como parte de las celebraciones por los cien años del nacimiento del cardiocirujano, nacido el 12 de julio de 1923. Por su escala, puede verse desde distintos puntos de la zona e incluso sorprende a quienes avanzan por la avenida Belgrano en dirección a la 9 de Julio.
No hace falta entrar al hospital ni esperar una visita guiada para contemplarla. Está expuesta en la vía pública y forma parte del paisaje cotidiano de una zona atravesada por miles de personas. Esa accesibilidad convierte al mural en algo más que una pieza conmemorativa: es una página de historia pintada a cielo abierto.
Maxi Bagnasco, el artista detrás del retrato gigante
El autor del mural es Maximiliano “Maxi” Bagnasco, artista argentino reconocido por sus retratos hiperrealistas de gran formato. Para representar a Favaloro utilizó aerosoles y trabajó a mano alzada junto con su equipo. La pintura quedó terminada en apenas una semana, con jornadas que comenzaban temprano y se extendían hasta que desaparecía la luz natural.
La historia de la obra comenzó lejos de Buenos Aires. Bagnasco había pintado antes un retrato de Favaloro en Wynwood, el conocido distrito de arte urbano de Miami. A partir de aquella intervención y del interés que despertó en redes sociales, se produjo el contacto con Laura Favaloro, sobrina nieta del médico y vinculada a la conducción del hospital. Ese encuentro abrió el camino para realizar un homenaje todavía más cercano a la historia del cirujano: un mural en la propia institución que lleva su apellido.
El resultado muestra cómo una obra nacida en la calle puede conectar ciudades, personas y recuerdos. Primero apareció Favaloro entre los murales de Miami; poco después, su imagen regresó simbólicamente a Buenos Aires para quedar unida a su legado médico.
Un mural hiperrealista que dialoga con la arquitectura
El retrato muestra a Favaloro con guardapolvo blanco, el cabello peinado hacia atrás y una expresión tranquila. No hay una pose triunfal ni elementos exagerados alrededor de su figura. El protagonismo está en el rostro, especialmente en la mirada, representada con arrugas, luces y cambios de color que le dan profundidad.
Las ventanas del edificio atraviesan diferentes partes de la imagen. Lejos de ocultarlas, la composición se adapta a esos cortes y transforma las limitaciones de la fachada en parte de la obra. Desde cierta distancia, el cerebro completa el retrato y las aberturas parecen integrarse en él. Este recurso recuerda que el muralismo urbano nunca trabaja sobre un lienzo perfecto: utiliza paredes reales, con volúmenes, marcas y funciones propias.
También existe un contraste visual muy fuerte. La mayor parte del edificio es blanca y geométrica, mientras que el rostro presenta tonos cálidos y una textura humana. Favaloro parece emerger de la arquitectura hospitalaria. Su figura no decora un muro cualquiera; observa la ciudad desde el lugar donde sus ideas continúan aplicándose.
¿Quién fue René Favaloro?
René Gerónimo Favaloro nació en La Plata el 12 de julio de 1923. Creció en una familia trabajadora y estudió Medicina en la Universidad Nacional de La Plata, donde se graduó en 1949. Aunque con el tiempo alcanzaría reconocimiento internacional, su trayectoria no comenzó en un gran centro médico, sino en Jacinto Aráuz, una pequeña localidad de La Pampa.
Allí trabajó durante doce años como médico rural, primero de manera temporal y luego junto a su hermano Juan José. Su tarea iba mucho más allá de atender consultas. Impulsaron la prevención de enfermedades, capacitaron a enfermeros, mejoraron el laboratorio, organizaron un banco de sangre y equiparon una sala de operaciones. También enseñaban hábitos básicos de higiene y buscaban que la población comprendiera cómo cuidar su salud.
Aquella experiencia dejó una marca profunda en Favaloro. Entendió que la medicina no empieza en el quirófano, sino en las condiciones en las que viven las personas. La pobreza, la falta de información y la distancia de los centros asistenciales podían ser tan determinantes como una enfermedad. Esa mirada social lo acompañó incluso cuando comenzó a trabajar con la tecnología médica más avanzada de su época.
El viaje a Cleveland y el nacimiento del bypass coronario moderno
En 1962, Favaloro se trasladó a Estados Unidos para especializarse en cirugía cardiovascular en la Cleveland Clinic. Allí estudió miles de angiografías coronarias, imágenes que permiten observar las arterias encargadas de llevar sangre al músculo cardíaco. Al analizarlas, comenzó a pensar en una forma directa de superar las obstrucciones.
La idea era sencilla de explicar, aunque muy compleja de ejecutar: si una arteria coronaria estaba bloqueada, podía crearse un nuevo camino para que la sangre rodeara ese punto. Para hacerlo, utilizó un segmento de la vena safena extraído de la pierna del propio paciente. Ese conducto se conectaba de manera que el flujo sanguíneo pudiera sortear la zona dañada y volver a alimentar el corazón.
En mayo de 1967 realizó su histórica intervención y luego trabajó en la estandarización de la técnica. Esa capacidad para convertir una idea quirúrgica en un procedimiento reproducible fue decisiva. El bypass aortocoronario abrió una nueva etapa en el tratamiento de la enfermedad coronaria y se extendió por hospitales de todo el mundo.
Una aclaración necesaria: Favaloro no inventó el marcapasos
En publicaciones y redes sociales se repite a veces que René Favaloro fue el inventor del marcapasos. No es correcto. Su aporte fundamental fue el desarrollo y la sistematización del bypass coronario con vena safena. Ambos avances están relacionados con el corazón, pero cumplen funciones diferentes: el marcapasos regula el ritmo cardíaco mediante impulsos eléctricos, mientras que el bypass crea una ruta alternativa para que la sangre evite una arteria obstruida.
Esta diferencia no reduce su importancia. Por el contrario, permite comprender con precisión por qué su trabajo cambió la cirugía cardiovascular y continúa ocupando un lugar central en la historia de la medicina.
El regreso a Argentina y la creación de una escuela médica
Favaloro podía haber continuado una carrera cómoda y prestigiosa en Estados Unidos, pero en 1971 regresó a Argentina. Su objetivo era crear un centro que reuniera asistencia, docencia e investigación, inspirado en la organización que había conocido en Cleveland y adaptado a las necesidades del país.
En 1975 nació la Fundación Favaloro. Con el tiempo, el proyecto incorporó investigación básica, formación universitaria y atención de alta complejidad. En 1992 abrió el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, y aquella estructura académica terminó consolidándose también en la Universidad Favaloro.
El proyecto demostraba una idea que el médico defendió durante toda su vida: los grandes avances no dependen de una sola persona. Necesitan equipos preparados, investigación constante, docentes capaces de transmitir conocimientos e instituciones que coloquen al paciente en el centro. Por eso su legado no puede resumirse en una operación exitosa. También vive en los profesionales formados bajo esa concepción integral de la medicina.
Un legado basado en la ciencia y el compromiso social
Favaloro recibió premios y reconocimientos internacionales, pero insistía en el carácter colectivo del progreso científico. Defendía la educación, la prevención y el acceso a una atención médica de calidad sin convertir la situación económica del paciente en una barrera.
Su muerte, ocurrida el 29 de julio de 2000 en medio de una grave crisis financiera de la Fundación, provocó una conmoción nacional. Las cartas que dejó expusieron su frustración ante las deudas que distintas entidades mantenían con la institución y abrieron un debate sobre el modo en que una sociedad sostiene la salud, la ciencia y la educación. Recordar ese final exige evitar el sensacionalismo: lo importante es entender las condiciones que lo rodearon y la responsabilidad colectiva que su historia todavía plantea.
La Fundación, el hospital y la universidad continuaron funcionando. Cada profesional formado, cada investigación y cada paciente atendido prolongan un legado que va más allá del apellido colocado en la entrada de un edificio.
Por qué este homenaje funciona tan bien en el espacio público
Un monumento tradicional suele separar al homenajeado de la vida diaria mediante una base, una placa o una reja. Este mural produce el efecto contrario. Favaloro aparece integrado en una fachada activa y en contacto permanente con el tránsito, los trabajadores, los estudiantes y los pacientes.
La elección del hiperrealismo también resulta significativa. El retrato no convierte al médico en una figura distante o abstracta. Conserva el cansancio en los ojos, las marcas de la edad y la expresión de una persona real. La escala es monumental, pero el tratamiento del rostro mantiene su humanidad.
Ahí se encuentra la fuerza de la obra. Quien conoce su historia puede reconocer al pionero de la cirugía coronaria; quien no la conoce recibe una invitación silenciosa a investigar. El mural transforma la memoria científica en experiencia urbana y demuestra que el arte callejero también puede enseñar sin parecer una lección.
Un rostro que sigue mirando a Buenos Aires
El mural de René Favaloro une dos tipos de intervención capaces de cambiar una realidad. Una ocurrió dentro de un quirófano, cuando el médico abrió una nueva ruta para que la sangre llegara al corazón. La otra sucedió décadas después sobre una pared, cuando Maxi Bagnasco convirtió una fachada hospitalaria en un recordatorio visible para toda la ciudad.
Por eso el lugar elegido importa tanto. El retrato no quedó aislado en un museo: está sobre la institución que representa la continuidad de su obra. Entre el ruido del tránsito y el movimiento diario del centro porteño, la imagen recuerda que el conocimiento solo adquiere verdadero sentido cuando se pone al servicio de los demás.


















